sábado, 10 de octubre de 2009

Jesús Martín-Barbero: Heredando el futuro. Pensar la educación desde la comunicación

Con una larga cita, de Margaret Mead, se despliega el sentido del título y se sintetiza el propósito de este texto:

La autora propone que los adultos viven ligados al pasado, por ende les cuesta encajar en una era tecnológica; pero cuestión distinta les sucede a los jóvenes quienes vienen dotados de esa capacidad de manejar estas nuevas tecnologías. De otro lado, invita a los adultos y a los jóvenes a entenderse mutuamente para reconstruir una cultura donde el pasado sea beneficio y no violento, y el futuro esté cerca para ser intervenido.

También plantea tres tipos de cultura:

Postfigurativa: a aquella cultura en la que el pasado de los adultos es el futuro de cada nueva generación.

Cofigurativa: cultura en la que el modelo de vida lo constituye la conducta de los contemporáneos.

Prefigurativa: es aquella en que los pares reemplazan a los padres instaurando una ruptura generacional.

Barbero divide el texto en cuatro partes: (los destiempos en la educación, descentramiento del libro y desordenamiento cultural, de la magia de la imagen al pensamiento visual y la escuela: entre el palimpsesto y el hipertexto). Se refiere a un futuro que balbucean los relatos de ciencia-ficción en los que los jóvenes encuentran su experiencia de habitantes de un mundo cuya compleja heterogeneidad no se deja decir en “las secuencias lineales que dictaba la palabra impresa” y que remite a un aprendizaje fundado menos en la dependencia de los adultos que en la propia exploración que los jóvenes habitantes del nuevo mundo tecnocultural hacen de la visión, la audición, el tacto o la velocidad[1].


Los destiempos en la educación

Básicamente indaga acerca de los problemas que ha tenido la educación en América Latina resumidos en 2 grupos. El primero; “las deudas del pasado” que obedece a la incapacidad del Estado para brindar educación básica gratuita, hecho que ha disparado los índices de deserción y desmejorado la calidad de la educación. El segundo; la precaria “producción de ciencia y tecnología” y el desinterés por la producción de conocimiento.
Estos destiempos tiene sus raíces en las recesiones económicas y las políticas neoliberales, que entre las dos le han dado un golpe al derecho a la educación y a su vez dando pasos agigantados en la privatización de la educación la cual es un modelo que potencia el aprendizaje individual, donde la creatividad está supeditada a la institución que lo controla. “Modelo mecánico y unidireccional al que responde la lectura pasiva que la escuela fomenta prolongando la relación del fiel con la sagrada escritura que la Iglesia instaurara”.

De otro lado, Ese modelo de comunicación pedagógica se niega a aceptar el descentramiento cultural; ignora el alcance de las nuevas tecnologías de la sociedad en cuanto a transmisora de conocimientos (dispositivos de almacenamiento, clasificación, difusión y circulación muchos más versátiles); atribuye la crisis de la lectura de libros entre los jóvenes a la seducción causada por la tecnología de la imagen y no a las distintas formas de lecturas: orales, visuales, musicales, audiovisuales, telemáticos; y el impedimento la interacción con las tecnologías y otras formas de adquirir conocimientos.


Descentramiento del libro y desordenamiento cultural

La nueva cultura, se ha apartado de los hábitos existentes que imponía la cultura anterior, adaptándose a los nuevos contextos facilitándose captar los nuevos “idiomas de la tecnología”. La televisión toma parte en el desordenamiento de la cultura al poner al descubierto a los jóvenes las cosas que los adultos tardaron siglos en ocultar. “pues los padres juegan en la realidad papeles que la televisión desenmascara: en ella los adultos mienten, roban, se emborrachan, se maltratan…”.

Los protagonistas de la nueva cultura descubren la realidad cruda, la cual al ser comparada con lo que los libros presentan resulta ser diferente, porque la vida práctica está saturada fealdades y defectos; los adultos son cúmulo de seres llenos de errores y defectos, que van a la guerra, se asesinan entre sí, tienen relaciones sexuales, etc. y son estos mismos adultos los que les quieren enseñar lo bueno y lo malo, pero si fuera poco les quieren mostrar cómo vivir sus vidas.

La propuesta de Barbero es indagar a partir de dónde se puede retomar el camino y abrirse la oportunidad para dejar de poner a la escuela Vs medios audiovisuales, porque los tiempos han pasado de un extremo a otro, la cultura ha evolucionado, por ende la enseñanza ha cambiado y así mismo la forma de “leer el mundo”; entonces la educación debe ir a la par de estos cambios.


De la magia de la imagen al pensamiento visual

En esta parte, se hace un recorrido por la Historia, en la cual hombre dentro de sus procesos de evolución ha tratado explicar el mundo, y procura ponerle sentido a todo lo que lo rodea, donde para unos lo primero fue la palabra, para otros el gesto o la imagen, pero que en suma las cosas se nos han revelado a través de las imágenes y a partir de esto ha ocurrido una transición en la que el pensamiento reconoce el saber del ver, es decir, el mundo se nos revela sólo si aprendemos a verlo.


La escuela: entre le palimpsesto y el hipertexto

“El problema de fondo es cómo insertar la escuela en un ecosistema comunicativo, que es a la vez experiencia cultural, entorno informacional y espacio educacional difuso y descentrado… donde el proceso de aprender guarde su encanto”.

La sociedad indudablemente ha cambiado y la educación no se puede quedar relegada, porque la tecnología introdujo en nuestra cultura un nuevo mundo que muestra otras maneras de sentir, de percibir, nuevas formas de interactuar con los demás tanto en tiempo como en espacio; pero es a partir de la apropiación del conocimiento de las nuevas tecnologías “como dimensión estrategia” de la cultura la escuela puede inmiscuirse en los procesos de cambio de nuestra sociedad.

Para lograrlo es necesario crear un vinculo entre el palimpsesto y el hipertexto, hacer un uso formativo y crítico de los medios, donde la escuela cambie su modelo y su práctica de comunicación; “la figura y el oficio del educador, que de mero retransmisor de saberes se convierte en formulador de problemas, provocador de interrogantes, coordinador de equipos de trabajo, sistematizador de experiencias, memoria viva de la institución que hace relevo y posibilita el diálogo entre generaciones. Y es ahí, en la complicidad/ compenetración entre esas dos culturas –oral y visual– por donde pasa la especificidad de la experiencia colectiva de modernidad en Latinoamericana”.
[1] Rev. Nómadas, Nº 5, Santafé de Bogotá (Colombia), Univ. Central, 1997.